Esta noche he tropezado con la vida y la obra de un corresponsal comprometido, Jay Allen, americano, al parecer amenazado por Franco, con dificultades para trabajar por apoyar a la Repúlica española y torturado por los nazis. Después de todos estos terribles sucesos cayó víctima de una depresión profunda de la que nunca logró curarse hasta su muerte. Tal y como él contaba en este artículo "Matanza de 4.000 personas en Badajoz, ciudad de los horrores", publicado en el Chicago Tribune, el 30 de agosto de 1936,
Esta es la historia más dolorosa que me ha tocado escribir. La escribo a las cuatro de la madrugada, enfermo en cuerpo y alma, en el hediondo patio de la Pensión Central, en una de las tortuosas calles blancas de esta empinada ciudad amurallada (Elvas, en Portugal). Nunca más encontraré la Pensión Central, y nunca querré hacerlo.
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